SOBRE EL PROCESO DE CREACIÓN LITERARIA

¡Saludos! Hoy vengo a dejar por aquí algunas reflexiones que he tenido últimamente sobre todo lo que me sucede cuando comienzo a escribir una nueva novela. Sobre esa trampa adictiva que me hace caer una y otra vez en el proceso de creación.

Equilibrio Fantasía Realidad
Pongamos que la montaña derecha es la fantasía y la izquierda es la realidad. Sí, los de la bici son escritores.

Uno no sabe muy bien cómo, cuándo ni por qué, pero, cuando te quieres dar cuenta, te conviertes en esclavo de la narración. Se te mete una idea en la cabeza, el germen de una historia, y esa historia se convierte en una especie de rompecabezas que te obsesiona, que tienes que terminar cueste lo que cueste. Enlazar ideas, relacionar personajes… Es la fase creativa, el momento (en mi humilde opinión) más bonito de la creación literaria. Y también el más absorbente, el que te hace olvidar el resto del mundo y te mantiene pegado al ordenador.

Un buen día, terminas tu rompecabezas, tu trama, y el resultado te proporciona gran satisfacción. Pero existe un problema: ese objeto artístico, esa creación, está solo en tu cabeza, o como mucho, en un esquema/resumen de Word. Y tú te sientes orgulloso de tu producto, quieres compartirlo con los demás y que los demás te den su opinión. Y solo hay una forma de conseguirlo: ESCRIBIENDO. CODIFICANDO TUS IDEAS en el papel para que otros puedan descodificarlas.

Empieza la fase de escritura propiamente dicha, la que realmente significa El Oficio de Escribir: redactar, echar meses y meses de trabajo. También tiene momentos gratificantes, sin duda. Pero es la fase que requiere mayor fuerza de voluntad. Sin fuerza de voluntad, no hay novela, no hay producto final. Es por esto que podría decirse que la escritura de una novela es un ejercicio de pura obstinación.

Sembrar ideas
Sé que la metáfora del árbol está un poco trillada, pero tenía que meter esta foto en alguna parte.

Pero el resultado, el momento en el que otra persona, una cabeza ajena a la tuya, descodifica lo que una vez fueron tus ideas… Eso es algo maravilloso. Y hará que merezca la pena el esfuerzo y la dedicación. Y te hará volver a caer en la misma trampa una y otra vez.

Ah, pero ser escritor no es solo escribir… Cuando llevas un tiempo en esto, te das cuenta de que una de las constantes en la vida del escritor es caminar en la cuerda floja de ese delicado equilibrio entre la realidad y la ficción.

El contador de historias —y me atrevería a decir que sobre todo el contador de historias de índole fantástico— puede tender a convertirse en una persona algo asocial, ensimismada, encerrada en su mundo imaginario y algo ajena al mundo que la rodea. Y volver al mundo real es a veces un proceso lento y costoso. Llegas somnoliento, confuso, algo perdido. Después del proceso de creación, cuesta volver al pragmatismo y las exigencias de la vida cotidiana.

¿Lo mejor para regresar?

En mi caso, una buena conversación, un café o una cerveza con los amigos. Y el deporte. El deporte es una herramienta realmente eficaz para bajar de las nubes. No hay nada como el sudor y la euforia del esfuerzo físico para poner los pies en la tierra.

¿Y a la inversa?

Llevas un tiempo de vacaciones, dedicado en cuerpo y alma a toda suerte de eventos sociales. Tu vida en la Tierra ha recuperado un ritmo frenético de actividad, compañía y extraversión. Y, de repente, llega la rutina. Todos vuelven a sus trabajos y sus quehaceres. Y tú vuelves al tuyo, que es el arte del ensimismamiento y el viaje a la imaginación. Y también es un proceso lento y costoso. Regresar a tu mundo imaginario no es tarea sencilla. ¿Lo mejor para regresar? En mi caso, la Música.

Música y Literatura
Para mí, la Música es la conexión más directa con el mundo de las ideas y las imágenes mentales.

Siempre he intuido que la Música tiene un gran poder para potenciar mi creatividad. Y, al principio, me valía de ella esporádicamente como instrumento de inspiración.

Ahora, con el tiempo, he desarrollado toda una nueva fase en mi Proceso Creativo, una etapa simultánea a la creación que hay antes de la escritura, en la que voy seleccionando toda una Banda Sonora de mi próxima novela. Una canción para un escenario, otra canción para un personaje, otra canción que resume la esencia de la historia…

De esta manera, cuando estoy perdido en el mundo real y me cuesta regresar a mi “yo creador”, solo tengo que escuchar esa Banda Sonora de mi novela, e inmediatamente me transporto a mi mundo y puedo seguir escribiendo.

Seguiré hablando sobre el proceso creativo y su relación con la Música en próximas entradas.

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